¡Hola Gatos Negros!
Con septiembre llega la vuelta al trabajo/universidad y también las novedades editoriales para los próximos meses. Es con la llegada de todos esos nuevos libros, que sin duda queremos, cuando miramos nuestras carteras, cartillas y tarjetas de crédito o débito para darnos cuenta de una de las cosas más tristes en la vida de un lector: no tenemos dinero para tantos libros. Y eso que seguramente aún quedan muchas más novedades por venir y que aún no sabemos.
Es entonces cuando empieza la lucha para conseguir, céntimo a céntimo, tener algún dinerillo ahorrado para comprar las novelas que más ganas tienes de leer de todos los que quieres comprar. Porque como lectores no solo tenemos que ahorrar, sino que tenemos que hacer una especie de ranking prioritario de libros para saber cuales comprar con el poco dinero que tenemos, y así, no volvernos locos.
Y, ¿por qué hacemos tanto esfuerzo para conseguir novedades? Pues porque aunque seguramente tengamos una columna de libros del tamaño de Pau Gasol sin leer, la maldición del lector es querer siempre otro libro. No es que seamos avariciosos y que queramos tener siempre mucho más, se trata más de la sensación que nos genera a los lectores el tener un libro nuevo. Es difícil de describir, pero es algo así como tener un nuevo miembro en la familia. Nos emocionamos al tenerlo entre las manos, saber lo que nos puede aportar, lo que nos vamos a divertir con él y lo que nos marcará la historia en nuestras vidas personales.
Es por eso que aunque seamos pobres y nos cueste un montón conseguir el dinero para comprarlos, merece la pena. Solo por lo felices que nos hacen. Eso sí, nunca basaremos toda nuestra felicidad en tener o no tener uno u otro libro. Lo digo por experiencia propia. Sé lo que es obsesionarse con tener x novela y sé que al final llegar a resultar algo cansino para tu mente y para los demás. Te obcecas, te obcecas y te obcecas, y al final lo mejor que llegas a conseguir es un dolor de cabeza gigantesco.
Pero no todo es malo. Buscando el lado positivo de haber nacido lectores…y pobres, gracias a esto nos vamos convirtiendo en grandes ahorradores (por lo menos hasta que nos gastamos todo el dinero en libros), también somos previsores (sabiendo poner diferentes niveles de prioridades) y tenemos una gran imaginación para poder sacar de cualquier cosa algo de dinerillo. Con práctica, llegamos a saber contenernos o a rodearnos de personas que comparten nuestra locura y de otras que saben contener esa locura.
En conclusión, quería decir que lo mejor es tomarse con algo de gracia esto de ser pobre y lector. Saber aprovechar ese dinerillo que tenemos sabiendo lo que realmente queremos y necesitamos (por desgracia, a veces no será un libro, sino el alquiler o la comida de la semana). Y disfrutar si se puede de cada libro que caiga en nuestras manos.
Espero que os haya gustado el post de hoy, como digo siempre…
¡Hasta el próximo post Gatos Negros!
P.D: Aquí os dejo una imagen que siempre me ha gustado mucho. Es de de la ilustradora Sarah Anderson con la que estoy segura que os identificaréis.
jueves, 22 de septiembre de 2016
MORIREMOS POBRES, PERO FELICES (O ESO CREO)
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